Cita Albert Camus

Un mundo sin amor es un mundo muerto. Siempre llega el momento en el que uno desconfía de las prisiones y el único anhelo es un rostro cálido, la calidez y pasión de un corazón enamorado.

Albert Camus
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El ocho

Portada de «El ocho» (Katherine Neville)

Portada
«El ocho»

Dos historias relacionadas con casi 200 años de diferencia: la historia de Mireille de Rémy, novicia en la abadía de Montglane, en medio de la convulsa Europa de finales del siglo XVIII y la de Catherine Velis, informática enviada por trabajo a Argel para realizar un simulador. Ambas mujeres se ven mezcladas en una batalla milenaria alrededor del secreto escondido en el ajedrez de Montglane, que perteneció a Carlomagno, en el que personas reales actúan como trebejos sobre el tablero del mundo.

El libro alterna las dos historias (Mireille y Catherine) capítulo a capítulo: cada uno de ellos empieza con una cita (relativa al ajedrez) y se indica el lugar y la fecha aproximados de la acción. La historia de Mireille se inicia en la primavera de 1790, cuando ella y su prima son novicias en la abadía de Montglane que se ven obligadas a abandonar rumbo a París por la situación de Francia. Por su parte Catherine empieza en Nueva York en la nochevieja de 1972 cuando la destinan a Argel por desavenencias con su jefe.

Por si fuera poco esta peculiar (que no única) estructura narrativa, en algunos momentos se insertan tramas externas (una especie de flashbacks) que rompen la narración. En algunos casos son aclaratorios y en otros simplemente tediosos.

Es un libro extraño, desconcertante y muy difícil de catalogar. La trama global parece buena pero el desarrollo queda raro. En algunos momentos es entretenido mientras que en otros genera sopor. Por un lado tiene la dosis de misterio, intriga, suspense y giros sorpresa típicos de los best-sellers modernos por el otro un cierto toque de novela histórica. A todo hay que añadir continuos saltos temporales, complejas relaciones entre los personajes, descripción de detalles truculentos o erotismo.

La sobreabundancia de personajes (tanto históricos como ficticios) y sus relaciones es abrumadora. La aparición de nuevos actores sin ninguna introducción previa en cualquier momento de la trama llega a confundirlos algo que en algunos momentos es molesto. Esta prolijidad ocasiona que queden poco definidos y muchos de ellos carezcan de personalidad y profundidad.

Katherine Neville

Katherine Neville

La autora publicó una segunda parte de la historia «El fuego» que continúa la historia unos años después de la trama de Catherine.

El tablero, forjado exclusivamente en plata y oro, media un metro entero por cada lado. Las piezas, de metales preciosos afiligranados, estaban tachonadas con rubíes, zafiros, diamantes y esmeraldas sin tallar pero perfectamente lustrados, y algunos alcanzaban el tamaño de huevos de codorniz. Como destellaban y resplandecían a la luz de los faroles del patio, parecían brillar con una luz interior que hipnotizaba a quien los contemplaba.

La pieza llamada sha o rey alcanzaba los quince centímetros de altura y representaba a un hombre coronado que montaba a lomos de un elefante. la reina, dama o ferz iba en una silla de manos cerrada y salpicada de piedras preciosas. Los alfiles u obispos eran elefantes con las sillas de montar incrustadas de raras gemas y los caballos o caballeros estaban representados por corceles árabes salvajes; las torres o castillos se llamaban rujj, que en árabe significa carro. Eran grandes camellos que sobre los lomos llevaban sillas semejantes a torres. Los peones eran humildes soldados de infantería de siete centímetros de altura, con pequeñas joyas en lugar de ojos y piedras preciosas que salpicaban las empuñaduras de sus espadas.

Katherine Neville: ‘El ocho‘. Editorial Planeta DeAgostini, 2005. Página 20.

Sobre las contraseñas

Una definición alternativa de contraseña de Chris Pirillo:

Las contraseñas son como la ropa interior. No puedes dejar que nadie la vea, debes cambiarla regularmente y no debes compartirla con extraños.

Via: Recomendaciones para proteger tu cuenta de Twitter

Unos agradecimientos diferentes

Se puede decir muchas cosas pero es evidente que los agradecimientos del manual de referencia de Scsh son, como mínimo, diferentes. No se han auto-censurado en ningún momento y el resultado es cuanto menos sorprendente. Incluso los han catalogado como la mejor sección de “agradecimientos” en un libro de TI (traducción del tweet con el que me ha llegado el enlace).

Olin Shivers

Olin Shivers, firmante de los agradecimientos

Para aquellos que no entiendan la lengua de Shakespeare me he permitido la licencia de realizar una adaptación (o una traducción muy libre) al castellano con anotaciones aclaratorias:

¿A quién debo agradecer? ¿A mis llamados “colegas”, que se ríen de mí a mis espaldas, al mismo tiempo que se hacen famosos gracias a mi trabajo? ¿A mis inútiles estudiantes de posgrado, cuyos conocimientos de informática parecen estar limitados a la descarga de imágenes de los foros de noticias? ¿A mis padres, que todavía están esperando a que deje de “perder el tiempo con los ordenadores”, vaya a la facultad de medicina y me convierta en un técnico de radiología? ¿A mi jefe de departamento, un director que te da un nuevo punto de vista y te inspira simpatía hacia los descontentos carteros?

Dios mío, nadie podría echarme la culpa – ¡nadie! – si me saltara los límites y perdiera por completo la cabeza un día. No podía haber soportado los días sin el Prozac y el Jack Daniels que guardo en la estantería, detrás de mi Top20 de manuales de JSYS. Empezaba a tener escalofríos y sentirme realmente mal sobre las 10 de la mañana, justo antes de las reuniones con mi asesor. Unas 10 onzas [1] de Jack ‘n Zac [2] me ayudan a aguantar las reuniones sin acabar con la cabeza cortada de uno de mis estudiantes en la bolsa para bolas de bolos. Me miran divertidos, piensan que tengo muchos tics. No tengo tics. Estoy controlando el impulso de coger mi SIG-Sauer [3] 9 mm de la mochila y aclarar unos cuantos puntos sobre la calidad de la educación de pre-grado en América.

Si yo pensara que a alguien le importaba, si yo pensaba que alguien estaría leyendo esto, probablemente hiciera un esfuerzo para mantener las apariencias hasta el último momento. Pero nadie lo hace, y nadie lo hará. Así que casi puedo decir lo que pienso.

Oh, sí, los agradecimientos. No faltaba más. Yo lo hice. Lo hice todo, por mí mismo.

Olin Shivers: ‘Scsh Reference Manual (versión 0.6.7)‘. Cambridge, 4 septiembre 1994.

Notas:
[1] Algo menos de 30 ml (una onza líquida equivale a 28’4 ml sistema británico y 29’6 ml sistema estadounidense).
[2] Posiblemente la expresión coloquial referida a la mezcla de Jack Daniels (preferiblemente etiqueta negra) y Prozac (Fluoxetine) [Fuente: Urban Dictionary].
[3] Fabricante de armas germano-suizo. Probablemente se refiera a una pistola semi-automática, ya que algunos de los modelos fabricados han tenido gran éxito entre las fuerzas de seguridad de países de todo el mundo.

El hipnotista

Portada de «El hipnotista» (Lars Kepler)

Portada
«El hipnotista»

El salvaje asesinato de una familia en su casa de Estocolmo inicia una investigación policial. El comisario judicial Joona Linna solicita la ayuda del afamado ex-hipnotista Erik Maria Bark para hipnotizar al único superviviente en estado de shock e intentar averiguar el paradero de su hermana desaparecida para protegerla del agresor. Pero no todo sale según los planes y según se descubre la verdad la vida del hipnotista y de toda su familia comienza a peligrar…

Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril

Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril, autores bajo el seudónimo Lars Kepler

Escrita bajo el seudónimo Lars Kepler por el matrimonio formado por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril, El hipnotista es una novela negra ambientada en la nórdica Suecia, cuya sociedad es retratada mientras se avanza por el laberíntico entramado en busca de la resolución del rompecabezas. Acción y suspense combinada con flashes al pasado hacen una lectura es la mezcla capaz de generar la tensión necesaria para mantener el interés en la lectura.

Es la primera entrega de una serie que los autores pretendían publicar ocultando su identidad bajo el seudónimo. Tras su éxito, decidieron mostrar quién estaba tras Lars Kepler aunque será la firma de las próximas novelas de la serie.

En mitad de la noche, Simone se despierta repentinamente al notar un pinchazo en el brazo. […]

Por el espejo del pasillo, Simone ve a alguien inclinado sobre la cama de Benjamín con una jeringuilla en la mano. Los pensamientos se disparan en su mente. Intenta comprender lo que está sucediendo, lo que está viendo.

– ¿Benjamín? – dice con voz ansiosa – ¿Qué estáis haciendo? ¿Puedo pasar?

Se aclara la garganta, da un paso adelante y de repente le fallan las piernas, intenta agarrarse al aparador pero no consigue mantenerse en pie. […]

Y entonces ve que alguien arrastra a Benjamín por el suelo tirando de sus piernas. […] Benjamín mira a su madre a los ojos, está aterrorizado, mueve la boca pero no emite ningún sonido. Simone se estira para cogerle la mano pero no la alcanza. Sin fuerzas, trata de arrastrarse tras él, los ojos se le quedan en blanco, no ve nada, parpadea y observa en fragmentos intermitentes cómo arrastran a Benjamín por la entrada hasta el rellano, y cómo luego la puerta se cierra cuidadosamente. Simone intenta gritar para pedir auxilio pero no lo consigue, los ojos se le cierran, respira lenta, pesadamente, no logra inspirar suficiente aire.

A continuación todo se vuelve negro.

Lars Kepler: ‘El hipnotista‘. Planeta Internacional, 2ª edición (Marzo 2010). Página 198.

La prueba de la bañera

Un pequeño chiste para lograr alguna sonrisa

Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, le pregunté al Director qué criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser internado.

— Bueno — dijo el Director — hacemos la prueba siguiente: Llenamos una bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no y con qué tratamiento empezar.

— Ah, entiendo — dije — una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza.

— No — dijo el Director — una persona normal quitaría el tapón… Usted que prefiere: ¿una habitación con o sin vistas al jardín?

Burros y deudas

Saliendo un poco de la temática normal, hoy toca una pequeña fábula que me ha llegado al correo:

Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas. Este fue su relato.

Asno de Shrek

Equus africanus asinus, posible responsable del problema

Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.

Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros.

Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.

Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron. La aldea quedó llena de burros y endeudados.

Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Bolsillo vacío

Estado de las cuentas del ayuntamiento y los habitantes de la aldea

  1. Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.
  2. Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.
  3. Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.
  4. El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

Resultado ¿final? de la operación:

  • Los listos del principio, forrados.
  • Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda.
  • Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida.
  • El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Solución ¿final?: Para solucionar todo esto y salvar a todo el pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios.

Vía: Un correo de un amigo cuyo nombre no revelaré por si quiere permanecer en el anonimato 😀