iMac (late 2012)

Del PC al iMac

A finales del año pasado tocaba renovar mi equipo de sobremesa que, tras más de 6 años de servicio, empezaba a mandar algo más que avisos: ralentización global del sistema debido al acceso a un disco duro en el final de su vida útil, pantallazos azules cuando algún DIMM de RAM fallaba aleatoriamente, tarjeta gráfica quemada que tuve que reemplazar a finales de 2011…

Sé que hay gente que prefiere ir cambiando componentes individuales y mantener el equipo actualizado año a año (de hecho eso lo hice con mi primer equipo) pero yo prefiero exprimir mi equipo hasta que está amortizada la inversión y luego reemplazar todo el hardware con la última hornada del mercado. Creo que así se minimiza el tiempo que dedico al mantenimiento, al fin y al cabo el ordenador es una herramienta y no un fin en si mismo.

iMac (late 2012)

iMac (late 2012)

En esta ocasión, tras 20 años con PCs, decidí probar un equipo Apple y me decanté por un iMac 27″ de finales del 2012. Windows 8 lo tengo el equipo del trabajo, Windows 7 en el portátil, Linux lo uso intensivamente en los servidores del trabajo y quería probar algo diferente. Ahora puedo decir que he utilizado todos los sistemas operativos mayoritarios (logro desbloqueado).

Tras un par de meses con el equipo, para no dejarme llevar por la primera impresión, he decidido escribir un pequeño resumen de lo que ha supuesto el cambio. No esperes una descripción detallada del proceso o consejos certeros sobre qué hacer: esto solo es una serie de comentarios y sensaciones personales que han surgido durante estas semanas.

Antecedentes

Antes de comprender cómo he llegado a este punto vamos a hacer una retrospectiva para ver de dónde vengo.

Mi afición por la informática empezó a finales de los 80 con un Inves Spectrum+ con el que hice mis primeros programitas en Basic. En 1993 di el salto a un PC clónico (un 486DX2) en el que tuve como sistemas operativos MS-DOS, Windows 3.1 hasta Windows 95 y algunas distribuciones RedHat de mediados/finales de los 90. Desde entonces he tenido un par de equipos más (un Pentium IV y un Dual Core).

Profesionalmente, empecé como administrador Windows en el laboratorio de SSOO y trabajé con todas las soluciones que proporcionaba para configurar el entorno de los usuarios integrando tanto los equipos Windows como Linux: datos de usuario y perfiles compartidos en red entre ambos sistemas, directivas de grupo para instalar software… A partir del último año de carrera y mientras estuve en el Laboratorio con la tesis, ejercí de administrador de ambos sistemas.

Casi desde el inicio he flirteado muchas veces con Linux y lo he tenido más de una vez como sistema principal o en arranque dual en mis equipos con diferentes entornos de escritorio. En cuanto a servidores he utilizado mayoritariamente Linux (gracias al famoso LAMP) con algunos desarrollos esporádicos en IIS.

Mi relación con sistemas de Apple empezó en el 2010 cuando adquirí un iPod Touch 4G, por recomendación de mi amigo Santi, para usarlo de “reproductor de música + PDA”. Cumplía todos los requisitos y funcionaba realmente bien.

Un año después adquirí un iPad 2G como gratificación por un trabajo. Aunque reconozco que no le encontraba sentido cuando fue lanzado, poco a poco descubrí el hueco de mis necesidades que cubría. Como efecto colateral, mi portátil se vió poco a poco relegado hasta el punto que no sé si volveré a adquirir un equipo portátil en el futuro (aunque nunca se sabe).

Finalmente, a finales del 2012 decidí cerrar el salto completo a la plataforma con la compra del iMac como equipo de sobremesa y del iPhone como teléfono.

Ventajas

Algunas de las mejoras respecto a mi equipo anterior:

Escritorio diáfano

El iMac no necesita nada más que un único cable de alimentación y no tiene torre. Tanto el teclado como el ratón como el trackpad son inalámbricos con el receptor integrado por lo que no se necesita ni siquiera conectar una base al USB.

Conexión iMac (late 2012)

El único cable imprescindible para que funcione el iMac

Parece una tontería pero vamos a comparar:

  • Antes tenía encima de la mesa la torre, monitor de 22″, teclado + ratón inalámbrico + base inalámbrica/cuna, altavoces y un dongle WIFI con una base USB para colocarlo encima de la torre por la mayor cobertura.

    Tenía 4 cables de alimentación (torre, monitor, base teclado/ratón y altavoces) con 1 conversor (base teclado/ratón), 1 HDMI, 1 USB/PS2 (base teclado/ratón), 1 USB (dongle WIFI) y 1 jack (altavoces). Evidentemente, me obligaba a utilizar una regleta que pudiera apagar cuando no utilizaba el equipo.

  • Ahora tengo el iMac, teclado, ratón, trackpad y un único cable de alimentación. Cuando es necesario, conecto el cargador de las baterías a cualquier enchufe durante unas horas.

    Podría conectarlo usando un cable Ethernet pero para mi uso diario no es realmente necesario.

Reduciendo al mínimo la cantidad de elementos y cables es más sencillo trabajar y mantener limpio el escritorio. Además, esto me ha permitido ganar unos 10-15cm de mesa que ocupaba la torre y que me impedían poner un monitor mayor de 22″.

Fluidez

La respuesta a casi todo es prácticamente instantánea. Da lo mismo que esté programando, con decenas de pestañas abiertas, escuchando música, con el correo y el chat abierto. Todo se mueve como si acabara de arrancar el equipo.

Se podría argumentar que es algo normal en los equipos nuevos pero mi sensación es que va más fluido que cualquier equipo de última generación con la última versión de Windows/Linux. Que el sistema operativo y el hardware estén hechos el uno para el otro ayuda bastante.

Comodidad

La sensación global con el equipo es muy buena: la pantalla cansa mucho menos mi vista que mi anterior monitor ya utilice gafas o lentillas; los dispositivos de entrada son cómodos y funcionan perfectamente sin problemas en ningún momento; las baterías tienen una duración superior con creces al mes incluso bajo gran demanda…

Aunque al inicio cuesta acostumbrarse, el uso de los gestos para controlar el sistema operativo abre muchas posibilidades. Las teclas rápidas son más o menos estándar con lo que todas las aplicaciones se comportan de forma similar. Estas pequeñas ayudas aceleran muchas de las tareas habituales.

Integración

Casi todo mi entorno está basado en Apple. Esto implica una integración completa: no existen problemas entre ninguno de los componentes y todo funciona a la perfección. Cualquier cosa que haga en cualquiera de mis dispositivos iOS o en el escritorio se refleja automáticamente en los demás.

Aunque parezca una tontería, esto reduce el tiempo que pierdo investigando y arreglando problemas e incompatibilidades. Menos tiempo perdido significa más tiempo para hacer lo que en verdad importa.

Utilidades y herramientas

En el fondo tiene un corazón *nix con lo que muchas herramientas básicas en mi día a día están disponibles: SSH, montajes, NFS, un buen terminal de consola… Y puedo utilizar los mismos scripts y secuencias que utilizo en los servidores del trabajo (son Linux con lo que tengo las mismas herramientas o equivalentes).

Por ejemplo, suelo tener instalado PuTTy, WinSCP, Filezilla y KeePass+KeeAgent para poder utilizar SSH en sistemas Windows y, aunque funciona bastante bien, siempre tengo la sensación de que el puzle no acaba de encajar todo lo bien que debiera.

Inconvenientes

No todo van a ser cosas buenas, todo tiene sus sombras:

Renovar el flujo de trabajo

Tras la configuración inicial y las primeras pruebas toca empezar a hacer cosas serias y es cuando te entra el pánico: nada es como antes. Las primeras semanas estás bastante perdido mientras que te acostumbras a la nueva forma de hacer cosas.

Pasado un tiempo de aclimatación empiezas a encontrar cómo tienes que trabajar a partir de ese momento y a descubrir cosas únicas que nunca habías pensado. En gran medida esa es la gracia de probar el sistema: tener algo completamente nuevo con lo que aprender, que me vuelva a sorprender al sentarme delante de un ordenador y formarme un criterio propio de la plataforma.

Precio

Sin paños calientes: no es un equipo barato. Si lo unes al desconcierto inicial te hace dudar si has hecho una buena inversión.

Comparándolo con montar un PC clónico equivalente (buen monitor del que cuelgues una micro-caja) posiblemente te ahorres un 10-15%, si montas un equipo más convencional con una torre o mini-torre el ahorro puede ser algo mayor pero si buscas un todo-en-uno el margen se estrecha hasta prácticamente equipararse o incluso superarlo en algunas configuraciones.

Cada característica se paga y cada persona tiene su criterio en cuanto a lo que considera más importante: unos preferirán el todo en uno, otros sacrificar ese diseño por una mayor potencia, otros que el equipo sea lo más barato posible o…

Entorno cerrado

No es un equipo pensado para destriparlo y cambiarle piezas. Lo único que puede modificar el usuario a su gusto es la memoria RAM (y sólo en el modelo de 27″). Cambiar cualquier otra pieza no está previsto salvo que lo lleves al servicio técnico.

En mi caso no supone demasiado problema: únicamente cambié la configuración del 486 y la gráfica que falló de mi último equipo. El resto de mis equipos tanto sobremesas como portátiles tal y como los compré fueron reciclados (creo que nunca he tirado un componente operativo: se lo he pasado a un amigo o lo hemos usado como piezas de reemplazo).

Software

Existe mucho software para Mac tanto libre como gratuito o de pago. Casi todas las aplicaciones que utilizo habitualmente están disponibles para las tres plataformas con lo que únicamente hay que cambiar el paquete que se descarga.

De las aplicaciones que no están portadas a Mac añoro principalmente KeePass y Paint.NET, aunque ya tengo reemplazos: el llavero nativo de Mac y Gimp, a los que me estoy acostumbrando.

Otro tema es la conexión con el escritorio remoto (que es parte de la suite de Microsoft para Mac): no acaba de ir fino y pierde la conexión con demasiada frecuencia.

Puede que pruebe (Open|Libre)Office en algún momento o compre las aplicaciones de Apple… no es algo que sea imprescindible en este momento.

Balance

De momento el cambio está resultando muy satisfactorio. Una vez superada la crisis inicial de que nada es como era antes y empiezas a localizar alternativas a tus aplicaciones y formas de trabajo el equipo se convierte en una muy potente herramienta.

La sorpresa: llevo más de 20 años tecleando en PCs pero tras apenas 10 días usando el teclado del iMac me resulta más natural y me cuesta volver al teclado PC en el portátil o en el trabajo. Lo mismo me pasa con el Magic Mouse o el Trackpad. Es extraño ver lo rápido que me he acostumbrado.

La pregunta que me hacen mis contactos: ¿volverías a comprar un Mac? Respuesta a día de hoy: probablemente sí. Pero este equipo espero que dure 4-5 años (una eternidad en la escala de tiempos de la informática) y, cuando toque renovarlo, evaluaré mis necesidades y las distintas alternativas en busca de lo más adecuado. Puede que siga con Mac o puede que vuelva a Windows o quién sabe qué otra alternativa.