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Demasiado oscuro para un fin de semana

Jordi Sierra i Fabra

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«Demasiado oscuro para un fin de semana»
Demasiado oscuro para un fin de semana es la segunda novela de Daniel Ros Martí escrita por Jordi Sierra i Fabra. Al igual que la primera Doble Imagen, se trata de una novela negra ambientada en los primeros años de la España democrática proporcionando el retrato, cercano y fácilmente reconocible, de la sociedad hace casi 30 años.
Nada menos que Elvis Presley.
Aunque pudo haber sido peor.
Pudo haberme golpeado con un busto de Jonh Lennon o Paul McCartney, o de los cuatro Beatles a la vez.
Eso sí hubiera sido demasiado.
Precisamente la imagen de Elvis fue lo primero que me vino a la cabeza cuando el dolor me indicó que volvía a estar consciente, que no se trataba de un sueño. El rock and roll de mis ideas y el cúmulo de estrellas de mi universo cerebral esparcían sórdidos ecos a través de mis terminaciones nerviosas. Intenté moverme y decidí no forzar las cosas al notar una punzada en la nuca, por el simple hecho de pensarlo.
Eso me salvó.
Doble imagen

Jordi Sierra i Fabra

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«Doble imagen»
Jordi Sierra i Fabra, y su alter ego Daniel Ros Martí, realizan una sórdida investigación en la clandestinidad. Un héroe cotidiano en un viaje al lado más oscuro. Descripción, diálogos y narrativa puros generando un casi continuo suspenso que obliga a seguir leyendo.
Habitualmente, la novela negra está fuertemente influenciada por la americana con sus clichés míticos apoyados por el cine. Sin embargo, es muy agradable leer una novela negra completamente españolizada. Ambiente, situación histórica y localizaciones reales aportan la cercanía y realismo del que adolece habitualmente.
– ¿Dan?
No podía creerlo. Volví a mirar el reloj y me convencí: eran las nueve y doce minutos de la mañana, y la voz que me hablaba era la de Paco, atravesando mi somnolencia y convirtiéndola en certeza de un adiós y una bienvenida. Las nueve y doce, para una persona que nunca se acuesta antes de las dos de la madrugada, es una hora tan cruel como pueda serlo las cinco de la mañana. Paco lo sabía, así que deduje que el motivo de su llamada era importante. Las esquirlas del hermoso y ya desecho sueño erótico recién borrado de mi ánimo cayeron como las gotas de una fantasía llena de burlas sobre mí, impregnándome de melancolía, haciendo que el ramalazo de ira fuese primero contenido y después suavizado. El augurio de un mal día no contribuyó a mejorar en nada el pésimo humor del momento, más bien al contrario, esa certeza lo agravó [...]
Además, la edición “dos libros por uno” viene acompañada de la segunda novela de Daniel Ros que merecerá una reseña en unos días.
El ponche de los deseos

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«El ponche de los deseos»

Michael Ende
Se trata de una típica historia en la que los buenos (en este caso un gato, Mauricio di Mauro, y un cuervo, Jacobo Osadias) tienen que desbaratar los planes de los malos (el mago de laboratorio, Belcebú Sarcasmo, y la bruja multiplica-dineros, Tirania Vampir) que consisten en destruir una parte del mundo el día de San Silvestre. Para ello se ayudarán de un ponche…
Es un relato para niños que, como todas las historias de Michael Ende, es entretenida, fantástica, con sus toques de humor y su típica narración fluida. Sin embargo, la historia es muy rica y los personajes están muy bien definidos. Se trata sin duda de una de las mejores opciones para los niños que tienen una cierta soltura leyendo.
La curiosidad por la que recuerdo este libro especialmente se debe a la primera lectura: Me lo trajo Papá Noel y lo leí completamente el día 31 de diciembre de ese año, justo cuando transcurre la acción. El libro se convirtió durante años en mi lectura de fin de año e, incluso, vuelvo a leerlo algún fin de año que otro.
- Belcebú Sarcasmo
- «Está demostrado científicamente que la parte de algo es siempre menor que el todo»
- «”Calma, sangre, calma”, cantó Drácula cuando vio a la señorita Rosa…» – Canción infernal de moda.
- Jacobo Osadias
- «Entre los hombres, te lo aseguro, el dinero es el punto capital, [...]. Hacen todo por dinero y con dinero pueden hacer todo. Es el peor instrumento mágico que existe.»
- «Ésta es mi fielosofía. Hay que contar siempre lo peor, y luego hacer contra ello todo lo que se pueda.»
- Mauricio di Mauro
- «Mi bisabuela Mía, que era una anciana gata muy sabia, decía siempre: “Si puedes entusiasmarte por algo, hazlo; si no puedes, duerme”.»
- «Yo tengo que poder entusiasmarme; por eso procuro imaginarme la mejor de todas las posibilidades y, luego, hacer todo lo posible por alcanzarla.»
La abadía del crimen
Uno de mis libros favoritos es El Nombre de la Rosa de Umberto Eco. Su argumento e historia es muy interesante lo que ha hecho que se adapte para cine (una película protagonizada por Sean Connery) y en un juego: La abadía del crimen.
Navegando por la red, encontré un remake de esa vieja aventura. Sigue escrita en ensamblador (usando en este caso Win32ASM) pero se ha modernizado a los tiempos que corren: versión de 32 bits, sonido… aunque sigue conservando su encanto intácto

Captura de la abadía del crimen
En la web se recopila todo el proceso de creación de este remake. El proceso es prácticamente manual y, debido al uso de ensamblador, una pequeña tortura. Un recordatorio de cómo se programaba a finales de los años 80.
El agresor invisible

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«El agresor invisible»
Sobre estos mimbres se desarrolla una elaborada historia de misterio e intriga. A pesar de ser de una novela de suspenso, está narrado usando el género epistolar (el protagonista escribe cartas a un amigo suyo), exceptuando contados capítulos. Aunque esta forma de narración resta acción, la fluida narrativa atrapa desde el primer momento y la recreación precisa mediante detalladísimas descripciones sumergen al lector en el ambiente. El uso de esta peculiar técnica narrativa permite plasmar el estado de ánimo del protagonista: sus temores, sus dudas, sus teorías y explicaciones…
La lectura del libro produce una mezcla extraña de sensaciones. En algunas fases, se siente la abogiante atmósfera del castillo mientras que en otros la duda se expande sobre cualquier posible explicación que se tenga. Estas sensaciones se mezclan con el recuerdo de otros libros de suspense para adolescentes («Los tres investigadores» ) y la nostalgia de la propia infancia al ver reflejadas situaciones cotidianas de hace unos años.
Sin duda, una lectura agradable y que atrae desde la primera página (para muestra la cita siguiente). Muy recomendable para que los jóvenes se inicien en el hábito de la lectura.
François busca, alargando el antebrazo bajo la almohada y el cabezal, un rinconcito de frescor, y su corazón se calma. Esa palabra de aparecido, a pesar de todo, ha hecho que le latiera más de lo razonable. Intenta orientarse, pues esta habitación le sigue resultando extraña. No “nota” bien la ventana. Está por algún lado a la derecha y, pese a tener cerradas las contraventanas, deja filtrar, a intervalos regulares, el resplandor apenas perceptible del faro de Chassiron. No es ni siquiera un resplandor. Es, visible en el techo, como un golpe de abanico que desflora la densa noche en que está sumergida la habitación. Si se levanta uno, si se aleja de la cama en dirección al armario, hacia la izquierda, hay una mesa redonda sobre la que se encuentra un antiguo jarrón, y hay también un butacón rústico, ¿pero dónde…?, y un cofre, un soberbio cofre, con cerraduras labradas…, ¿a qué lado? François juega con este pensamiento: está perdido en el seno de las tinieblas…, navegante solitario que busca su ruta. Al noroeste de la cama, la cómoda, y al suroeste… Se le cierran los párpados. Va a la deriva, a flor de sueño. Ese ruido que ha tomado por un roce es la lluvia, una lluvia ágil que repiquetea contra las contraventanas, ya insistente, ya tan ligera que parece correr de puntillas. ¡Cómo! ¿De puntillas? ¿Quién se está moviendo de puntillas? De nuevo, la alerta. El quedarse sin aliento. El silencio está vivo, eso es seguro, como siempre ocurre en las viejas mansiones. Las vigas que crujen, las tablas del suelo que gimen. François está seguro de haber percibido un roce. Esas palabras que han surgido, de repente, que se han pronunciado en su interior, ellas solas, como una puesta en guardia. “De puntillas”; eso quería avisarle de que[...]
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