Mi primer contacto con los procesadores de texto se produjo con el mítico Wordperfect 5 para MS-DOS. Con el salto a Windows 95, se produjo la migración a Office Word, que se convirtió en la aplicación para la creación de documentos para el instituto, la universidad (mi proyecto está escrito con Word) y para el trabajo. Sin embargo, y tras más de una década utilizándolo, surgen nuevas necesidades que hacen necesario buscar nuevas alternativas.
Pero, ¿qué necesidades son esas? ¿son tan importantes después de 10 años?
- Manejar documentos grandes:
- Cuando se maneja un documento de más de 50 páginas, el sistema se ralentiza para paginar. Además, si se incluyen imágenes, los tiempos de carga y presentación se disparan siendo muy difícil de gestionarlos.
- Mantener la coherencia:
- Es muy sencillo cambiar el formato de ciertas partes del documento pero es casi imposible mantener el formato de los títulos, encabezados y pies de página, figuras y tablas con su pie…, a pesar de los estilos y auto-textos, salvo que tengas la férrea disciplina de no usar nunca los botoncitos de formato.
- Gestión de bibliografía:
- Por increíble que parezca, no existe soporte para gestionar las bibliografías de los escritos. Los programas externos y las extensiones no suelen dar buenos resultados.
Bueno, ¿qué alternativas hay? ¿Merecen la pena?
El primer sistema probado es DocBook, un dialecto de SGML. Se trata de una sintaxis XML, por lo que es altamente estructurado, para la escritura de documentos técnicos como manuales. Su ventaja es su mayor inconveniente: la gran rigidez de la estructura dificulta la escritura, aunque un buen editor puede paliar este inconveniente. Además, es difícil integrar contenidos, como los listados con formato (no existe ni una sola etiqueta que pueda usarse para dar formato, como resaltar palabras clave en otro color). También carece de soporte nativo para bibliografías aunque existen extensiones más o menos acertadas.
Como segunda opción estaba LaTeX, el sistema tipográfico por excelencia, que produce documentos de aspecto profesional y ampliamente utilizado en ambientes académicos y de investigación. Se encuentra en un punto medio entre Word y DocBook: Ofrece la posibilidad de cambiar el formato de forma manual, mediante las etiquetas apropiadas, pero no es necesario hacerlo prácticamente nunca, de eso se encargan los estilos. Además, cubre todas las necesidades: gestiona bien documentos grandes al usarse pequeños ficheros de texto con el contenido, el formato se mantiene intacto al estar asociado a la etiqueta y tiene un sistema muy integrado para gestionar bibliografías (BibTeX).
El principal miedo ante este sistema es que parece programar (tienes que compilar para generar la salida), y será difícil de aprender, instalar y configurar… nada más lejos de la realidad. Se trata de un lenguaje de marcado similar a HTML (si, el de las páginas Web) pero con distintas “etiquetas” de las que, realmente, se usan muy pocas mientras se escriben los documentos, por lo que se terminan memorizando con el uso. En cuanto a la compilación, existen entornos que se encargan de todas las tareas.
Pero no sólo cubre las necesidades, sino que abre un nuevo abanico de posibilidades: sencillez para añadir expresiones matemáticas a un documento, escritura de cartas, currículum, informes técnicos… existe un repositorio de paquetes para extender la funcionalidad permitiendo incluir listados con coloreado de sintaxis, incluir figuras escritas en el mismo formato, generar pósteres, diapositivas y un largo etcétera. Esto lo hace apropiado no sólo para escribir un proyecto fin de carrera o una tesis, sino para memorias de prácticas o informes.
Publicado por Oscar
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