Esas palabras son las que han pasado por mi mente al ver el vídeo de la muñeca que emula las imágenes de un televisor hasta que ocasiona su propia destrucción.
En este mundo superficial la belleza es un valor en alza. Pero no vale cualquier belleza, sino el estereotipo artificialmente impuesto por los medios (la publicidad, los diseñadores de moda…), el de los cuerpos perfectos, la milimétrica esbeltez… un falsificado modelo de lo que es bello y lo que no. En la actualidad, el retoque digital crea una visión alterada de la realidad que desvirtúa nuestra percepción (sólo hay que ver el retoque fotográfico del bikini o el retoque fotográfico del retrato) para vendernos un producto.
Hace unos meses, Dove impulsó la “campaña por una belleza real” con un vídeo que muestra en un minuto el cambio de una modelo en una “chica cartel”. Por triste que parezca, a la modelo no la reconoceríamos si nos cruzáramos con ella por la calle.
El resultado son las famosas polémicas en las pasarelas, el incremento del número de casos de anorexia y bulimia, muertes por inanición voluntaria… Lo peor de todo es que el canon de belleza varía a lo largo del tiempo, es una moda pasajera. Entonces ¿es necesario pagar este precio por la belleza de hoy que mañana no “irá a la moda”?
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La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.
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